¿Es Bush un dictador?

29 03 2006

La dictadura es un régimen político en el que una persona concentra el poder absoluto, en representación de un grupo o clase social y no se permite en el país ninguna oposición a su línea política.

A lo largo de la historia contemporánea hemos visto como a través de procesos democráticos han llegado al poder dictadores, como el caso de Hitler o Mussolini.

En los cinco años de gobierno republicano de Bush hemos calificado a éste de muchas formas, neoconservador, neoliberal, fundamentalista cristiano, etc; pero nadie se ha atrevido a plantearse la gran pregunta: ¿Es Bush un dictador? Respondamos.

La revista norteamericana The Nation dice: “La Administración de Bush no es una dictadura, pero tiene todas las características de un embrión de dictadura. Los gobiernos que desatan guerras ilegales, engañan a sus ciudadanos, violan sus derechos, abusan del poder y se saltan las leyes, rechazan ser investigados desde el poder judicial y legislativo, claman poseer poder sin límites, torturan prisioneros y actúan en secreto tienen un solo nombre: dictadura”.

Como vemos, el análisis es claro, incluso lo podríamos aplicar aquí a algún personajillo que lo sufrimos ocho años.

The Nation, considera que el presidente Bush se mueve en canales ajenos a los constitucionalmente establecidos. “Sí, estoy por encima de la ley. Yo soy la ley. Y si no os gusta os desafió a que hagáis algo al respecto”, viene a decir el presidente, según la revista norteamericana.

The New York Times presentó una demanda ante el Tribunal federal para que el Departamento de Defensa libere el documento sobre las escuchas ilegales que el gobierno Bush ordenó a partir del 2001. Para el presidente esta demanda del New York Times es un acto vergonzoso que pone en peligro la seguridad del Estado, ¿No resulta cómico tal argumento? Estas acusaciones son utilizadas para acusar a quien las hace de complicidad con el enemigo, por falta de patriotismo según ellos, siendo este uno de los rasgos más claros de principios dictatoriales.

Albert Gore, que fue el candidato demócrata que se enfrentó a Bush, en el año 2000, ha dicho recientemente: “un presidente que viola la ley constituye una amenaza directa a la propia estructura de nuestro gobierno”.

Su discurso es de corte pietista y puritano, en el que Dios, la libertad y la democracia son sus fundamentos, pero en nombre de estos principios ha llegado a acometer las acciones más deplorables que podamos pensar. Sus actuaciones para combatir al llamado eje del mal nos recuerdan a los famosos cruzados de la Edad Media, el problema surge en que en estos cruzados modernos también anidan el mal. Son conocidas las atrocidades cometidas en Afganistán e Iraq, con bombardeos a poblaciones (daños colaterales les llaman), violación continua del derecho internacional tanto en prisioneros como en las armas empleadas, muchas de ellas ilegales.

Algunos comparan a Bush con un moderno Maquiavelo, nada más lejos de la realidad. El presidente no ha alcanzado ninguno de los objetivos propuestos a pesar de no dudar en emplear todos los medios, incluidos como estamos viendo los ilegales. Maquiavelo poseía la finura de los príncipes del Renacimiento, mientras que Bush es un patán e inculto tejano que no ha podido engañar a nadie, salvo a los que querían ser engañados.

Su prepotencia es propia de los dictadores iluminados, su actitud insultante de autosuficiencia y de desprecio hacia los demás países, menoscabando sus opiniones y creyendo que podría imponer unilateralmente al mundo sus planteamientos. Si el genial Charles Chaplin levantara la cabeza seguro que le vería reflejado en su gran obra cineística “el gran dictador”.

El enorme déficit democrático que sufre los Estados Unidos es alarmante, donde en sus dos elecciones ha habido manipulación fraudulenta del voto y puede explicar que un personaje tan siniestro y chabacano haya sido elegido presidente. Pero éste ha contado con el apoyo de los grupos ultraconservadores religiosos y con el apoyo financiero de las grandes multinacionales petrolíferas, farmacéuticas, etc., o de la también oscura organización denominada “la hermandad empresarial”.

La guerra contra el terror ha adquirido unas dimensiones teológicas, en su nombre todo le es permitido al poder político. Los ultraconservadores cristianos creen que están llevando una reconquista mundial contra el Islam. Estas locuras nacionalistas de extrema derecha, nos llevan al recorte sin fin de nuestras libertades y que siempre tiene el mismo beneficiario.

La guerra contra el terrorismo la han convertido en elemento central de la política nacional norteamericana intentando imponer sus obsesiones al resto del mundo. La ignorancia y la mentira inspirada por el grupo de Bush resulta sorprendente hasta que punto algunos europeos han olvidado su sentido crítico y de la historia. La ideología autoritaria de la guerra contra el terrorismo tiene una gran utilidad pues desvía la atención sobre el comportamiento ético, moral y político poco sublime de los políticos.

Los actuales presupuestos norteamericanos, recientemente presentados, tienen destinados a defensa y seguridad el 45% del total, mientras que las cuestiones sociales solo obtienen el 3,5%. La guerra contra el terrorismo permite la realización de un gigantesco programa de obras públicas que ofrecen trabajo a expertos, ideólogos y charlatanes, constituyendo la justificación para un gasto civil y militar sin fin, en una búsqueda utópica de la seguridad.


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