Fuera de Matrix

19 04 2006

En los salones de la pseudociencia y la pseudohistoria, sin mencionar a las mitologías de la cultura popular, nunca ha habido escasez de teorías conspiratorias. Según una encuesta realizada en 1992 por el New York Times, el 77% de los estadounidenses albergan la estúpida creencia de que el asesinato de JFK fue el resultado de una conspiración. Otros creen que existen conspiraciones destinadas a evitar una cura para el cáncer, o a esconder el conocimiento de la fusión fría u otras fuentes de “energía gratuita”. También están los que dicen que el virus del SIDA fue creado en los laboratorios del gobierno para golpear a la comunidad gay, o que las vacunas son un programa del gobierno diseñado para causar enfermedades. La más grande de las teorías conspiratorias sostiene que el mundo entero es manejado en secreto por una sombría organización de megalomaníacos, como los Iluminati, o los Hombres de Negro.

¿Pero dónde está el encanto de semejantes teorías conspiratorias? Por citar una, los humanos tenemos una bien documentada propensión al reconocimiento de patrones. Buscamos patrones como forma de dar sentido al complejo mundo que nos rodea. Algunas veces vemos patrones que no están ahí. Los humanos tenemos una paranoia natural y evolucionariamente adaptativa. Es buena para estar en guardia contra peligros o abusos potenciales, de no ser por ella seríamos maltratados o aniquilados fácilmente. Pero como cualquier tendencia mental adaptativa, la paranoia en algunos individuos puede ser demasiado fuerte, e incluso abrumadora.

Los teóricos más duros de las conspiraciones tienden a tener una visión caricaturizada del mundo, en la que todas las personas se dividen en tres grupos: los conspiradores, los cruzados y los engañados. Los conspiradores son caracterizados como malvados y poderosos, buscan el control por su propia conveniencia. A veces se les supone una inteligencia y unos recursos inimaginables, y su poder no conoce límites. Al mismo tiempo, también se les atribuye una estupidez increíble, porque ¿cómo si no podría haberse destapado su conspiración? Los cruzados son propiamente los creyentes. Sienten que son una pequeña banda de defensores de la libertad que salvan al mundo de una increíble corrupción. El resto de la gente son los engañados.

Pero las grandes conspiraciones (y de eso es de lo que hablamos aquí) requerirían la cooperación de incontables personas durante largos períodos de tiempo y repartidos a lo largo de muchas instituciones. Este es el primer gran error de las teorías conspiratorias: tienden a caerse por su propio peso. El problema radica en explicar como los conspiradores son capaces de mantener el secreto y el control. Si los EE.UU. llevaran décadas ocultando OVNIS y alienígenas, el número de personas involucrados debería de ser enorme. ¿Cómo hacen todos para permanecer en silencio? ¿Cómo consiguen la financiación y el espacio para llevar a cabo semejante operación? ¿Se han visto involucradas todas las administraciones y presidentes desde Roswell? ¿Cómo hacen para evitar las filtraciones, filtraciones del estilo de la que recientemente destapó el programa de espionaje doméstico del gobierno? ¿No habrían descubierto otros gobiernos la presencia de alienígenas? ¿También ellos están involucrados? Para poder contestar a todas estas preguntas, hay que ceder más y más poder y alcance a los conspiradores, hasta llegar a creer que controlan el mundo entero.

El segundo y más insidioso problema relacionado con las teorías conspiratorias es que se convierten rápidamente en un sistema cerrado de creencias. ¿Por qué no hay evidencias de la conspiración? Porque los conspiradores ocultan todas las evidencias. ¿Por qué existen evidencias que demuestran que la conspiración es falsa? Porque los conspiradores fabricaron y colocaron esas evidencias. ¿Cómo pueden hacer eso? Porque poseen un poder y alcance temible (lo cual nos lleva de vuelta al primer problema).

Por ello, no existe ninguna clase o cantidad de evidencias que puedan convencer a un teórico de las conspiraciones de que se equivoca, lo cual significa que su creencias están confortablemente instaladas al margen de la realidad.

La alternativa, desafortunadamente, es vivir en la realidad. La realidad puede ser amenazadora, y en ella surgen cuestiones difíciles de responder y problemas cuya solución no es fácil. Pero al menos en el mundo real no existen cábalas todo poderosas controlándonos desde las sombras.


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